jueves, 9 de abril de 2009

De que forma

Sin conocer lagrimas,
ni risas, ni siquiera un rato de mi,
aprendiste a hablar de mí.

Con tolerables propuestas
no dejaste nada al deterioro
y me dejaste al descubierto,
percibiste mi esencia
sin agobiantes desatinos,
con arteros golpes bellos
pulías cada uno de tus mandatos
perfectamente articulados.

No desistías, me desmenuzabas sin rodeos,
primero me echaste en cara
mi edad, después mi nombre,
sin disimulo, sabias mi signo zodiacal.

Me callabas sin rivalidad,
me hiciste sentir parte de un rito,
yo no hacia más que mostrar
tristes aspiraciones de apelar por tus sentencias.

Mi excentricidad se vino abajo,
hasta sentía desde lo más profundo de mí ser,
estar siendo mancillado
por un sarta de mentiras irreprochables.

Tu sencillez y tu confianza para hablar
eran tan innatas, que no sabia doblegarlas.

Hasta me hiciste prisionero a desearte,
aunque en ese sentido te mostraste impuntual,
nunca vacilare en volverte a buscar
y así es como encuentro por donde empezar,
contigo se podría pugnar por la espera
en esta vida o en cualquiera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario