viernes, 10 de abril de 2009

De leyes y creencias

Eres mi discordia,
ya no puedo verte como el cielo
sin sentirme como el mar,
azul a la luz
y oscuro en la profundidad.

Aboliste todas mis leyes,
hiciste de tus ojos un decreto
con solo mirarme
dictaste todas mis sentencias.

Ya es por democracia
hablar de ti,
esta en mi constitución
el derecho de alabarte,
el libre albedrío a rezarte.

Estoy permitido a ser laico,
así que puedo creer en todo tu ser,
en tu sonrisa de estrella,
en tus labios de luna.

Erigí en honor a tu belleza
la más grande
escultura en mi planeta
y le rezo todas las noches
al altar de tu cabello
(aquel que hacia brillar el firmamento.)

Festejo el día en que te conocí
y te hago ofrendas
añorando aquel momento,
pero más triste que feliz,

festejo el día en que te perdí,
por que si como dictadura llegaste
sin mi independencia te ausentaste
y no hubo justicia
en tus palabras al dejarme.

Ahora,
aunque hayas acabado tu mandato
déjame gobernarme con tus leyes,
hiciste de tu belleza
mis primeras reglas,
déjame con mi creencia
de tu alma perfecta,
no me quites la fe hacia ti.

Déjame, déjame,
sabes que seria un crimen,
no escribir,
no decir nada de ti,
déjame vivir
un poco más en ti.

Nallely

A pesar,
de bosques muertos,
en tierra seca,
con luna llena,
decorando
lóbregas tus ausencias.

Ya no gobierno
mi vagabunda existencia,
entonces puedo danzar
por lo menos cantar,
que afirmo,
que sigo enamorado,
encantado de cada letra
que compone tu nombre,
de cada conjunto vocal, consonante.

Es que con ellas
podría hacer de ellas,
miles de teoremas,
epopeyas o canciones,
podría hacer de esas letras,
miles de proezas,
aventuras y tristezas,
desde que te fuiste,
olvidaste empacarlas contigo.

Sigo amando
el invierno de su entonación,
el ocaso de su acentuación,
y la niebla
de su grave pronunciación
en mi corazón.

Como un malvado
corro a su encuentro,
me convierto
en hombre lobo,
para acechar su descripción,
en vampiro,
para chupar su sangre de abecedario,
en jinete,
para perder la cabeza por su prosa,
en bruja,
para robarles el alma
engañándolas
con mis dulces poemas
y mis golosinas rimas.

¡O si tan solo estuvieras aquí!

No seria tan malo,
no seria tan malo.

¿Que significo?

Te pregunto,
es que si realmente no me ocupara
como suele ocurrirte,
no caminaría por tantas sombras
o no andaría vagando en la penumbra,
en aquella que es muy oscura.

Te lo vuelvo a preguntar,
aunque solo son palabras
y más lágrimas con las que vuelvo a preguntar.

Pero de ocasión, tienes la respuesta
¡o existe alguna respuesta!
¿Que es para ti mi significado?
¿Que es mi palabra en si misma?

En ocaso soy un número,
o más letras y espantosas letras.

No estoy satisfecho, de verdad,
estuve guardando mis mejores días para ti.

Pero siempre soy palabras
no dejo de ser palabras,
¿tendría otra forma de hacerme entender?,
me encantaría que mis ojos

hablaran por mí, mis oídos, las estrellas,
o lo que te gusta escuchar
para no echarlo todo a perder.

Despiertame, tal vez pueda entender,
enséñame a entenderme
para poder entenderte.

Así, no soy difícil de explicar,
si no sabes que es lo que siento,
si es que te interesa saberlo,
responde lo que quiero.

Estacion Nocturna

Necesito una estación,
nocturna, lúgubre,
de media noche,
en llamas.

Andar por ahí
sintiéndome sombra,
arrastrándome por el suelo
y reflejando oscuridad.

Tener derecho
a engrosar mis desacuerdos
escupiendo mí rabia
en funeraria melancolía.

Cabalgar mi menosprecio
con falsedad,
engaños,
con desdén.

Aportar con trasgresión,
mi desaliento,
degradación,
y sufrimiento.

Imponerme a los obstáculos,
de la belleza artificial,
a la racionalidad mediocre,
a las injurias desprovistas de arduo esplendor,
a la vivencia lucida,
como objetivo justificado.

Ya no ser acorralado,
de vulgar elocuencia,
de servil prudencia,
ni de mi propia existencia...

No hay motivo

Que largas horas y palabras de dolor
debe de ser más, quizás…

Recuerdo haber estado
en aquel lugar desesperanzador
y haber corrido a aquel cuarto,
en cuanto eche el cerrojo
me invadió mi completa oscuridad
y caí al suelo.

No puedo explicar
lo seguro que estoy de tener un ataque,
volverme loco o furioso
y persisto en molestarme.

No tengo dominio
ni sobre mi lengua, ni sobre mis pensamientos
y quizá no imagines mi agonía,
por que me quedan pocas fuerzas
para librarme de mi y de mi voz.

Antes de reponerme lo suficiente
comienza amanecer,
diré lo que estuve pensando
y lo que pienso y pienso,
hasta que temo por mi razón.

Pensé mientras estaba ahí
con la cabeza entre las piernas
y mis ojos tristemente contemplando
el marco gris de la ventana,
que estaba enterrado en mi pasado
por lo cual, mi corazón sufría por una gran pena
que al darme cuenta no pude recordar más.

Yo discurría y trataba de descubrir
lo que podía ser y del modo mas extraño,
los últimos años de mi vida se me borraron,
nada me recordaba en absoluto que hubieran existido.

Por primera vez me encontraba solo,
luego de una triste somnolencia
y de una noche de llanto me levante,
alcé las manos para recorrer las cortinas
y me di contra la luz de mis deseos,
los tire sobre la alfombra
y entonces recordé mi última agonía,
se ahogo en un paroxismo de desesperación.

No puedo decir,
por que no me encontraba
tan ferozmente desesperado:
debe de haber sido enajenación pasajera,
por que apenas hay motivo.
¿Por que mi sangre se precipita tumultuosamente
a un infierno por unas cuantas palabras?

Estoy seguro que no hay motivo

Un requiem (de despedida)

Para ti,
eclesiástico,
sagrado,
plegado de valientes notas
para engañar mi depresión
ofrendándote mi gratitud.

Con dificultad de informarte
no quiero defraudarte,
solo quiero plasmarte
para la posteridad anunciarte:

Tu canto quedo,
en mi soledad se arraigo,
no esta desamparado,
trato cada vez amueblarlo,
adornarlo con sensatas emociones.

Agravando mí sosiego
aletargo su ocaso,
con crueles días
de noches infinitas,
entonándote a ti,
como melodía desamparada,
a ritmo de vals eterno,
en sinfonía incompleta,
o copla imperfecta.

Con placer efímero,
perecedero,
a fin de cuentas,
heredero
de tu partida,
en inquietos trozos de tormentas,
de nubes inmensas,
extendiéndose en el cielo
como aniversario luctuoso.

Atravesando
las altas plateas de tus recuerdos,
con pálidos
extinguidos ayeres,
en tu forma
de ídolo negro,
en un eclipse que no aclara
y solo se alarga.

Donde es más posible
sanar tu pútrida partida
en aguardiente
o con una herida de muerte,
que seguirte viendo
o seguirte queriendo.

Una noche de sueño

Mis parpados caen pesados
como cascadas al abismo,
mis ojeras como escamas
se clarifican congeladas y me felicito.

Me tomo el cabello revuelto
y aun quiero correr
y las jirafas tienen mis pies
y los elefantes mis caminos.

Me desabrigo la piel
y se derrama mi sangre,
¡me despabilo!
y los camellos y las caballos
corren por mis venas.

Y los leones me devoran con sus dientes
de sabanas blancas
y cesan mis dolores.

Y me pongo a cortar flores para nadie
y niego y vuelvo a negar que son para ella,
¡no seré yo! ¡no seré yo!
me digo, quien a de pedir perdón.

Deshojo las flores con los labios
que demandan por ella;
la quiero, no me quiero, la quiero, no me quiero
y…

Clamo mi sangre con triunfo
y las luciérnagas claman mi desvelo,
y los duendes y las hadas
despiertan con mi sueño.

Y despierto,
y ya no queda nada y ya no quedo nada
solo restos de mí.